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lunes, 22 de enero de 2018

MARCOS 3, 13. COMPAÑEROS DE CAMINO

 Marcos 3, 13 - 19: En aquel tiempo, Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. Así constituyó el grupo de los Doce: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges –Los Truenos–, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote, que lo entregó.


Cuando se constituye un grupo, como este entre Jesús y los doce, se comienzan a entretejer relaciones, sentimientos, amistades y, sobretodo, amor. Así lo vivieron estos elegidos y así también lo vivimos nosotros cuando en la vida vamos conociendo a los que son compañeros de viaje, amigos y amigas que nos acompañan, nos escuchan, nos aman y comparten con nosotros esta bella experiencia de la existencia. Por tanto, este llamado de aquellos que hacemos nuestros compañeros tiene que ver con el deseo, no sólo de compartir la vida, sino de mostrar nuestra intimidad, nuestro corazón.

Después cada uno de estos amigos y amigas tendrá su caràcter, aquello que lo hace más propio, tendremos a personas que serán hijas del trueno y a otros que, también, jugarán este papel tan odiado de Judas pues, como en la diversidad de la vida, dentro de nuestros círculos habrá con quienes se tejerá una amistad duradera y profunda y con quienes nos cruzaremos episodios de ruptura, o malos entendidos. Aún con ellos, como nos enseña Jesús, y sabiendo que ocurrirá nuestro cometido es seguir amándolos, sí! Incondicionalmente.

Claro, alguien dirá que el amor (por cuanto es propio de cada uno) puede darse y quitarse, que hay veces en que dejar de amar está justificado, que si fíjate qué me han hecho, cómo me han tratado… Pero lo más propio del amor es que nunca deja de ser (como dirá el apóstol Pablo). Nunca se agota, siempre es fiel. Si creemos que no, busquemos en nuestro corazón la profundidad de la relación que me unía con éste o ésta que he roto, porque si siento dolor (y lo siento) es porque la vida nos liga al amor, y no al odio.

No podemos gustar a todos, no podemos hacer, pensar o actuar como a otros les gustaría, el mundo es un lugar de diversidad, de encuentro entre lo diferente, y ahí está lo extraordinario de todo y que, de nuevo, nos lleva a Dios: el mundo es un espacio de gratuidad y de acogida en el que, nos encontremos o no, todos somos compañeros, todas somos compañeras.

Cristo nos llama hoy a reconocer a la persona que tenemos al lado, a la que nos cruzamos por la calle, a la que se sienta en la otra mesa en la cafetería o a la que corre calle abajo para coger el autobús. Y nos invita a llamarla, a elegirla, a conocerla y a sumarla entre nuestros compañeros. Quizás no como uno de estos doce más íntimos, pero sí en cuanto hermano o hermana amada.

Que sepamos, en la vida, tejer grupo, familia, amistad.

domingo, 21 de enero de 2018

MARCOS 1, 14. LLAMADOS A LAS REDES

 Marcos 1, 14 - 20: Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él


En el evangelio de Marcos, la figura del discípulo tiene un papel fundamental y, junto a Jesús, cosntituye el núcleo más importante del mensaje de la Buena Noticia. No sólo necesitamos el mensaje de Jesús, sus milagros, sus gestos, su sacrificio... sino que también a todas esas mujeres y hombres que constituyen el grupo de seguidores del Cristo, los Hijos e Hias de Dios que descubren cómo en su vida, existe una vocación a este llamado de ser pescadores de personas. ¿Y qué conlleva este llamado? Pues además de lo que se puede decir, conlleva también un componente de apertura, de aceptación y una actitud generosa que no juzga al hermano o a la hermana que se halla como un pez, inmersos en el mar de la vida.

Claro, uno no puede embarcarse en esta aventura como pescador si cuando consiga llenar sus redes, después, se dispone a seleccionar lo que sirve de lo que no sirve, el que puede ser salvo del que no, aquel que tiene mejor disposición y el que no, el justo del injusto, echando nuevamente al mar al divorciado, al homosexual, a la lesbiana, al rigorista o al liberal... cosa que lamentablemetne, en muchos lugares, se viene haciendo y así logramos que los peces, cuando ven llegar las barcas y echar las redes, salgan corriendo, se escapen del lugar y esquiven los esfuerzos de los pescadores.

Después podemos preguntarnos dónde van nuestros esfuerzos, la dedicación... o dónde cae el mensaje, el consejo, la invitación... pues cuando llegamos a puerto, llegamos con las manos vacías y cada vez más cansados (y con menos recursos). Fíjense cómo están muchas parroquias, fíjense en las catequesis, o en los grupos de confirmación, o símplemente en quienes eligen a Cristo como modelo de vida. Y aún así, ¿Cómo es posible que sigamos eligiendo, seleccionando o midiendo la pesca? Parece que gran parte de la sociedad ha quedado destripada y devuelta al mar, como si tanto diera.

Creo en los esfuerzos que se hacen desde las sedes, desde algunas instituciones, desde grupos de personas conscientes de la necesidad de apertura, de acogida, de solidaridad, de celebración que hay en el mundo. Creo que, juntos, podremos volver a darle sentido a la importancia que para Marcos tiene el papel del discípulo, que es el de acoger, vivir, ayudar, educar, acompañar, escuchar, reír, consolar, compartir... con los demás, con estos peces que no importa qué son, quién son, cómo son.

Ver la realidad desde los ojos de Dios, dejarnos interpelar por la Palabra de hoy, recuperar para el mundo una visión más evangélica, viendo en el otro, en la otra, la obra del Padre, también amada, también querido.